El mercado de los amores usados
Como alguna vez fueron las bibliotecas, los templos y hasta ciertos museos. Esos lugares ocultos que guardan grandes misterios, espacios donde las historias esperan hasta que aparezcan interesados. Así es el curioso y triste mercado de los amores usados.
Un lugar últimamente muy conocido y visitado, un espacio escondido para buscar y ser encontrado. De matrimonios que no fueron para siempre, de noviazgos sin un futuro pensado, del resultado de engaños, alcoholismo, maltratos, muertes prematuras o hijos abandonados. Bienvenidos sean todos al gran mercado de los amores usados.
Espacios llenos de personas vacías, de gente que dice vivir ligero mientras carga enormes pesadillas. De personajes que ya vivieron muchas pasiones, de resultados de demasiadas buenas intenciones. De divas y galanes, de locas y rufianes, de expertos y principiantes. Un mercado que exhibe lo que queda de relaciones sin madurez, sensatez o detalles.
Vengan a recorrer estos oscuros pasillos decorados de amor propio y cuerpos bien formados, de maquillaje que cubre lágrimas, de cicatrices en el abdomen, en la espalda y en el alma. De heridas que salen a correr con amigos en Strava, de empresarios con pequeños modales y grandes carteras, de un curioso exceso de madres solteras. Hombres con complejos guardados, mujeres ingenuas que confiaron en abogados. Un lugar donde no hay lo perfecto ni lo nuevo, ni lo entero ni lo correcto. Donde hay cantidad, aunque lo bueno escasea, y cuando llega, aunque no saben valorarlo, todo el mundo lo desea.
Congeladores con corazones de quienes abandonaron la felicidad, princesas jóvenes que superaron su fecha de caducidad, extrovertidos escondiendo roturas internas, una balanza restando valor a quien más pesa, procesos judiciales manchando apellidos, artículos lujosos con narcisistas escondidos. Un mercado variado, aunque lamentable, al que a muchos el ir nos resulta inevitable.
Y nosotros ahí, por supuesto. Porque es muy fácil recorrer los pasillos mirando defectos y olvidar que también estamos expuestos. Esperando y buscando con nuestros errores, cicatrices y desperfectos; creyéndonos compradores cuando también tenemos precio, pasado y algún defecto.
Me gustó mucho leerte. Es de esos textos que empiezan hablando de “los otros” y terminan inevitablemente haciéndonos mirarnos a nosotros mismos. Creo que ahí está lo más bonito: recordar que todos llegamos con alguna historia, alguna cicatriz y algún “desperfecto”, pero eso no necesariamente nos hace menos valiosos. Al final, más que encontrar algo perfecto, se trata de encontrar a alguien que sepa mirar más allá de la etiqueta y elegirnos por lo que realmente somos. Muy buena reflexión.
ResponderBorrarA mí me gustó que estés en este espacio que poca gente ha podido estar. Me gusta pensar que esas historias y experiencia aumentan nuestro valor, y que es magia encontrar quien tenga esa madurez y corazón para verlo.
BorrarMe quedo con algo que para mí es más importante: no se trata de encontrar a alguien perfecto, porque tampoco nosotros lo somos, sino de aprender a aceptar a una persona como es, con su historia, sus diferencias y sus propias formas de ver la vida.
ResponderBorrarY también estar preparados para ser elegidos, pero no solo para que nos quieran, sino para sumar, aportar, tener paciencia, ser serviciales, escuchar y aprender a construir juntos. Porque la otra persona nunca va a ser 100% igual a nosotros, y creo que eso tampoco tiene por qué ser un impedimento para tener una buena relación.
Al final, creo que lo importante es ser reales, hablar, comunicarnos y tener ganas de entendernos. No buscar perfección, sino dos personas dispuestas a elegirse y a construir algo bonito desde lo que cada uno es