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BORRADOR NUMERO 43

Y es como cuando notas que quien buscabas estaba cerca, esa sensación de no ver lo obvio, pero necesario, ese encontrarle el amor a lo cotidiano, desempolvar la personalidad, los ánimos, la esperanza y las ganas. A esta persona que conozco por años, pero que había dejado de lado. A mí. Y es el resultado de esos amores fracturados, del aprendizaje, de tener espejos al frente y carbones encendidos en los pies. De noches de ansiedad, de días de agobio, de una necesidad real. Del alma sanada y también consumida, de una búsqueda eterna sin saber retener cuando por fin encuentra. Es este aprender de los errores, de intentar quererse cuando uno es mal querido, de aprender a las malas, de extrañar a las parejas buenas. De ser detallista bajo pedido, de ilusionarme poco, pero esta vez decidido. Un aprendiz de la vida, aunque haya sido maestro en ella. Un niño que aprendió a criarse solo. Un pobre diablo, un “nice guy”, un pendejo. Un día de ver lo obvio, de liberarse de lo demandante y empez...

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