Cartas que no fueron enviadas
Siempre he pensado que existen cartas que jamás fueron enviadas porque con el tiempo, quien las recibe ya no es la misma persona, ni tampoco el mismo remitente. No porque faltaran las palabras, sino porque el silencio llegó primero a reemplazarlas. Cartas llenas de gratitud que nunca encontraron un destinatario. Disculpas que llegaron años más tarde. Elogios que alguien merecía escuchar, preguntas que ya no tenía sentido formular y dudas que, por miedo, orgullo o simple paso del tiempo, ya no hacía falta aclarar. Curiosamente, no son las grandes discusiones las que más pesan. Sino esas conversaciones que nunca nos atrevimos a abordar. Porque aprendes que los finales casi nunca se anuncian. No hay un último abrazo, un último café o una última oportunidad para decir: "Espera, todavía me falta contarte algo". Simplemente un día dejan de suceder y ya no hace falta. Y nosotros, tan comunicadores, descubrimos demasiado tarde que también somos pésimos comunicándonos. Entonces la men...
