Gracias por la tormenta

Cierro los ojos porque duele.
Abro el corazón porque no vienes a herirme.
Te veo, incluso cuando pones el espejo frente a mí.
Abres mi herida para sanarla.
Me muestras la tuya para que aprenda a escuchar.

Y entonces entiendo:
no era paz lo que buscaba,
sino una tormenta capaz de obligarme a emerger.

Revelas mis temores escondidos en mi forma de hablar,
expones mi impulso de huir cuando debería quedarme.
Tomas mi mano y me mantengo presente.
Me miras como quien atesora el instante,
como si supieras que eso no solo queda en la mente.

Demasiado pronto para soltar un “te quiero”.
Demasiado tarde para creer en lo eterno.
Me refugio en tus cabellos rubios y en tu locura,
y siento que nos elegimos después de tanta tortura.

Poner sobre la mesa mis miedos y los tuyos,
sabiendo que no siempre habrá acuerdos.
Aceptar que amar no es garantizar finales,
sino animarse a habitar un proceso y sus rituales.

Tal vez sea cierto eso de que la vida
no te da lo que buscas,
sino justo lo que necesitas.
Y quizá no era calma lo que pedía,
sino esta tormenta imperfecta e intensa.
Que me está enseñando a quedarme,
y a creer que podemos ser más que un instante.


Comentarios

Entradas populares