Borrador número 365
A veces las redes traen recuerdos de lo que pretendías haber olvidado.
Personas, sonrisas, ese plan improvisado, apuestas hechas en el pasado. Una mañana de unir dos soledades, dos antiguas amistades y, creyendo que el amor pudiera recompensarnos, vi que aquel día jugábamos a acompañarnos.
Unas fotos que te tomaba sin que te dieras cuenta, y esas canciones para que nuestra caminata y conexión no fuesen tan lentas. Una ilusión que inocentemente alimentaba, un plan que individualmente proyectaba y una promesa de irme, pero volver, para poder demostrarle a nuestra suerte pasada cuánto se equivocaba.
Me di cuenta de que estaba dispuesto a darlo todo, que cuando se quiere siempre se encuentra el modo. Cedí a sus gustos cuando era necesario y quise demostrarle cómo es el mundo cuando alguien te elige a diario. Cargué sus problemas, la llevé en mi auto, en mi imposible agenda siempre había un espacio; mis letras nacían sin esfuerzo, haciendo que escribiera mis mejores versos.
De repente sentir que con sus ojos brillas
y regalar por primera vez unas flores amarillas.
Con sus mensajes llenaba mis días de magia,
como si la felicidad algo de repente la presagia.
Y es entonces cuando pasa lo que más aterra:
Cuando surgen esas palabras que te bajan a tierra.
Aprendí que revivir el corazón era posible, pero querer darlo todo no significa que el futuro sea predecible. A veces se ama, en otras se aprende. Pero es bueno recordar que hay personas que en el corazón trascienden.
Hoy ya es mucho tiempo para guardar amor o mantener la esperanza, pero también suficiente para recordar que los milagros sí pasan. Mantener el respeto al proceso y a lo decidido, evitando el contacto y tratando de llevar eso que yo no había entendido. Un año basta para haber aprendido que entregar no garantiza ser correspondido, que las palabras a veces levantan castillos, pero las intenciones son los cimientos que los mantienen sostenidos.
Y que puedes apostar de nuevo, que puedes creer que no todo está perdido; que a veces creemos no estar listos, pero que también se supera en el camino. Aunque al final la lección es que, si vuelve a pasar, debe ser con alguien que también te haya elegido.
Y quedan preguntas sin respuesta todavía, algunas que ni yo entendería. ¿Qué hago yo después de tanto tiempo escribiendo sobre esto? ¿Lo hago por catarsis, masoquismo o migajería? Gastando letras y tiempo como si no tuviera un libro que seguir escribiendo.
Comentarios
Publicar un comentario