Hace un año

A veces las redes te traen recuerdos de lo que pretendías haber olvidado. Personas, sonrisas, el inicio de un sendero, apuestas hechas en el pasado. Una mañana de unir dos soledades, dos antiguas amistades y, creyendo que el amor pudiera recompensarnos, vi que aquel día jugábamos a acompañarnos.

Unas fotos que te tomaba sin que te dieras cuenta, y esas canciones para que nuestra caminata y conexión no fuesen tan lentas. Una ilusión que inocentemente alimentaba, un plan que individualmente proyectaba y una promesa de irme, pero volver, para poder demostrarle a nuestra suerte pasada cuánto se equivocaba.

Hace un año me di cuenta de que estaba dispuesto a darlo todo, que cuando se quiere siempre se encuentra el modo. Cedí a sus gustos cuando era necesario y quise demostrarle cómo es el mundo cuando alguien te elige a diario. Cargué sus problemas, la llevé en mi auto, en mi imposible agenda siempre había un espacio; mis letras nacían sin esfuerzo, haciendo que escriba mis mejores versos.

Y sus mensajes llenaban mis días de magia,
como si la felicidad alguien la presagia.
Y es entonces cuando pasa lo que más aterra:
cuando surgen esas palabras que te bajan a tierra.

Hace un año aprendí que revivir el corazón era posible, pero querer darlo todo no significa que el futuro sea predecible. Hoy ya es mucho tiempo para guardar amor o mantener la esperanza, pero también suficiente para recordar que los milagros sí pasan.

Un año basta para haber aprendido que se puede entregar sin ser correspondido, que las palabras a veces levantan castillos, pero las intenciones son los cimientos que los mantienen sostenidos. Y que puedes apostar de nuevo, que puedes creer que no todo está perdido; aunque la lección es que, si vuelve a pasar, debe ser con alguien que también te haya elegido.

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