Dosmilquince: De la diatriba a la oda.
Más de trescientos sesenta días han pasado después de una diatriba escrita en este espacio reclamando respuestas a un año que dejó más incógnitas que respuestas. Pero tal cual lo dicho por los sabios ancianos: Tras la tormenta, llega la calma.
Y no
quiero despedirte año bendito, gran maestro y generoso lapso de días que
terminarán esta semana, no quiero despedirte sin antes, extenderte mi más
sincera gratitud y hacer este recuento breve de lo que considero; un gran año.
Empezamos
con sueños cumplidos, un concierto inolvidable en la bella capital colombiana, encuentros y reencuentros con amigos lejanos, primeros resultados cosechados en lo laboral y un espíritu viajero más encendido que nunca.
Logrando cumplir la meta trazada de ir cinco veces a la playa en un año, dos
veces a mi querida Cuenca, conocer el majestuoso Parque Nacional Yasuní, y a la familia que
tengo en el extremo sur del país, donde dicen, que tienen el castellano
perfecto. Un reencuentro con la tierra que me hizo crecer, Buenos Aires, donde
acompañé a mi madre a su primer día de clase y a mi padre a su primera vez en
el estadio. ¡Algo mágico!
No
quiero que te vayas dos mil quince, o al menos, prefiero que te repitas. Como
el volver a ver a mi equipo adorado en la cancha de Núñez y después, convertido en el mejor del continente. Participar en concursos de publicidad internacionalmente
y ganarlos localmente, correr dos carreras y conseguir dos medallas con el
último aliento, asistir al concierto de una vieja banda favorita, el de mi actual
banda preferida y también al de algún gusto culposo. Volver a ser profesor universitario en
las madrugadas, esta vez, aprendiendo más de lo que podría enseñar. Tener más
responsabilidades en lo laboral pero a la vez, más recompensas.
Un gran
año de nuevos amigos, amistades más fuertes y también otras personas que fueron terminando
su ciclo en lo social y cotidiano. Una familia unida, que pese a la adversidad
siempre tuvo tiempo para juntarse y apoyarse, tanto para la responsabilidad
como para escapar juntos de ella.
Como
negativo, podría mencionar el susto que representó un quebranto de salud de mi
papá, sin embargo, esto determinó que tome un descanso de su entregada vida y
por fin, después de tantos años, pueda verlo a diario.
Gracias
dos mil quince por tantas cosas vividas y conseguidas en tan poco tiempo, ahora
seguiré con todo lo que se viene; la ampliación del hogar, continuar con más ganas mis
dos trabajos y mi emprendimiento que está dando sus primeros pasos, correr dos carreras más, tener ya un viaje confirmado a la cuna del
Blues en Illinois y a las cercanas islas encantadas. Y a pesar de ser pronosticado
como un año duro, prefiero ser optimista de que vendrán más noches de festejos, más decisiones de ventana o pasillo y más amaneceres con compañía.
Y ahora, música playera:
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