Los aspirantes publicitarios y el Mago de Oz


Muchos millenials a los que nos vamos a referir en este artículo no conocen esta película grabada en 1939, o su libro, publicado en 1900. No hace falta, porque basta con una breve descripción para entender los personajes, así como mi preocupación por la nueva generación de publicitarios que hoy se preparan desde las aulas.

En el cuento tenemos a Dorothy, protagonista de la historia, motivada por su deseo de volver a casa y cuidar a su perro “Totó”, un espantapájaros que no tiene cerebro, un leñador de hojalata que no tiene corazón y un león cobarde. Lo dicho, es fácil entender el problema que enfrenta cada uno de los personajes.

Sin embargo, durante 4 años no consecutivos de experiencia en la docencia universitaria, resulta preocupante la similitud de estos personajes y el desenlace del cuento, a lo que nos encontramos en la forma de ser y trabajar de alumnos y profesores. Déjenme explicarles mi opinión.

Los personajes de la historia enmarcan perfectamente el perfil de los estudiantes que nos encontramos hoy en las escuelas de publicidad. Hay leñadores de hojalata sin corazón, quienes están detrás del título, les basta la nota cumplidora, el puntaje mínimo para pasar el semestre. Aprenden algo, pero les falta corazón, es decir, carecen de esa pasión necesaria para despertar la curiosidad, para investigar por su cuenta y destacar del resto.

Tenemos también a los leones cobardes; alumnos destacados pero inseguros. Chicos que puede que tengan el talento pero les falta un poco más de espíritu, empuje, actitud necesaria para creer en sí mismos. Son chicos sin el valor y coraje para darse cuenta que son leones e ir en busca de uno de Oro. Debo admitir que en mi época de estudiante, yo vendría a ser uno de ellos.

Tenemos algunas “Dorothys”, chicos y chicas con el deseo de volver pronto a casa a cuidar de su perro, con poco interés por estar en clase, perdidos en aquel tornado de lo irrelevante, sumergidos en un mundo de fantasía y fieles creyentes de que la solución a sus problemas está en manos de un mago o una bruja; es decir, en manos de otra persona. Tendrán asegurada su herencia y prosperidad económica pero en algún momento tendrán que despertar.

Y finalmente citemos al lamentable grupo de los espantapájaros. Es el grupo de chicos que te hacen cuestionar cómo llegaron a la educación de tercer nivel. No se ofenda estimado lector, no estoy incluyendo términos peyorativos en esta opinión, estoy siendo frontal y argumento con mi experiencia el que el sentido común no es tan común, y que el razonamiento lógico no es tan general. En este segmento se incluyen los estudiantes que no saben respetar a profesores, los que copian en exámenes, los que van solo a buscar futuros conyugues en un campus y quienes tienen el descaro de no cumplir con un mínimo de asistencia o responsabilidad, pagando por cursar una carrera que muchos otros chicos no se la pueden permitir. Obviamente, no son los más destacados.


Por otra parte, estamos los profesores, quienes nos jugamos el papel de bruja buena, bruja mala o el mismo Mago de Oz (Quien en un determinado punto de la historia, resulta ser un fraude). Y todo, para que al igual que en la historia, en el final, los personajes descubran que lo que buscaban, siempre lo llevaron consigo mismos. El hombre de hojalata encontró su corazón al sensibilizarse con sus amigos, el león aprendió por sí mismo a ser valiente y el espantapájaros se vio obligado a pensar para ayudar a los demás. Dorothy, en cambio, despertó de su mundo de fantasía y empezó a valorar lo primordial. Todos se dieron cuenta que lo que estaban buscando, lo llevaban dentro. Y pasa lo mismo con los estudiantes de publicidad.

Lo que necesitaban los personajes y necesitan los chicos es esa guía para creer, aceptarse, confiar en lo que sienten y viven. Darse cuenta de la importancia de intentar, atreverse, jugársela y no buscar en otros eso que ha estado y estará en cada uno. Lo que se requiere para ser un gran publicitario, no llega como magia de parte de ningún profesor. Llega con atrevimiento, despertar del cuento de hadas que han montado los padres para nuestro futuro y ponernos a construir nuestra propia historia.

Como docentes, pienso que tenemos el desafío de no ser el mismo Mago de Oz. Porque para esto de enseñar no solo hay que parecer, hay que ser.  No abandonar el campo práctico de la carrera, actualizarnos siempre, no darle más importancia a lo académico que a lo profesional. Ser o seguir buscando pertenecer a los líderes de opinión de la industria publicitaria y que nuestros logros sean reconocidos por las juntas de council, los festivales, los clientes y los medios especializados que hablan sobre nuestro desempeño, y no solo ser admirados por parte de nuestros alumnos.

Si eres estudiante y te sentiste identificado con uno de estos personajes mencionados, preocúpate. Si eres profesor y te sientes ofendido por mi opinión, no pienso disculparme. Que somos los responsables de las próximas generaciones de esta industria, y ya hubiese querido tener un solo profesor en mis tiempos de pregrado hablándome de las posibilidades de ser un “león valiente”.

Tenemos que despertar todos, y despertar lo que llevan dentro los estudiantes de publicidad. Que el futuro de la industria publicitaria, su necesidad de relevancia, su administración, evolución y facturación, no pinta para nada como un cuento de hadas.

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