Volvernos a escuchar

Pon ruidito, que este silencio delata tu ausencia, un silencio tan parecido al que teníamos cuando todavía estabas aquí. 

Dime lo que hiciste hoy con palabras lo suficientemente largas como para que parezca un diálogo al que se pueda responder, continuar y hasta debatir. 

Que los monosílabos queden prohibidos, que ser confidentes sea obligatorio, que los secretos se esfumen y las banalidades sean bienvenidas otra vez.

Háblame, aunque sea pídeme que haga algo, que extraño esa dulce voz, escuchar la risa cómplice mientras chateas con otra persona que no soy yo, extraño ese canto mientras te bañas sola, o las excusas con las que te alejas de ese momento de amor o intimidad.

Escuchemos de nuevo esas curiosidades y experiencias que una vez nos unieron, la voz del corazón que con dolor no ha dejado de latir, los consejos de Dios a quien también prometiste algo y los gritos de la razón que intentan que vuelvas a sentir.

Escuchemos de nuevo la respiración acelerada, los cantos en dúo, los suspiros de ilusión y risa de la mañana.

Pon ruidito, que la rutina usa la misma banda sonora de la indiferencia. Esa que se convirtió en mi cotidiana compañera. 

Dejemos escapar alguna palabra para recuperarnos, que entre más palabras dejemos escapar, menos probable será que escapemos uno del otro.

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