Nos enseñaron sobre recesos pero no sobre recesiones
"Las ganas pasan y la plata queda" gran frase de mi abuelo Carlos para enseñarnos, siendo niños, a tener responsabilidad sobre nuestro dinero y nuestros antojos.
Un hombre sabio que enfrentó todo tipo de crisis y que ya no está para ver esta que hoy nos complica.
Y es que somos una generación distinta, que enfrentamos la peor de nuestras crisis, quedándonos en casa, que tuvimos la fortuna de estudiar con ayuda de nuestros padres y elegir el sabor de helado el fin de semana. Vaya suerte tuvimos los millennials para conocer un mundo tranquilo donde la motivación resolvía problemas y la televisión nos ocultaba los demás.
Pero son otros tiempos.
Donde aprendemos a navegar en tormentas, a tomar decisiones difíciles, guardar el dinero en el bolsillo y dejar a los antojos morir en el olvido. Somos una generación confundida entre la vida abundante que publicamos y la ansiedad que en silencio guardamos; entre las fiestas con desconocidos y la soledad que nos invade los domingos.
Estamos en época de recesiones. Pero no solo de dinero que no circula, sino también de ánimo que se anula, de profesiones que cambiaron para ser odiosas; hijos ingratos, perros y gatos, y canciones horrorosas. Donde la plata te define, los likes te califican y el amor no sobrevive. Estamos en recesiones de inversiones en crisis de valores y escasez de pasiones.
¡Vaya mundo nos tocó la gran puta!
Si algo quiero poner en recesión es esta estúpida e innecesaria manía de pertenecer al sistema, de entregar la tarea y ser un ciudadano ejemplar. Que para los agnósticos el paraíso no existe, el infierno es un chiste y los dioses en el banco se ponen a guardar.
Aprendimos a hacer recesos, pero nunca a manejar una recesión; por eso somos una generación que creyó que todo se soluciona durmiendo.
Entrada corregida por chat GPT, mi nueva dupla literaria.
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