Niña hermosa, ¿quién te hizo tanto daño?
Niña hermosa, ¿quién te hizo tanto daño?
Y fue la curiosidad de mirar tus estados, todo eso que permites que el mundo vea. Las historias y publicaciones, los comentarios, los viajes y las aventuras. Ahí donde destaca esa sonrisa tan linda como la recordaba, ese cabello negro y largo que alguna vez acariciaba.
Niña hermosa, ¿quién te hizo tanto daño?
Es triste lo evidente y vigente de tu herida después de un año. Qué necesidad sostienes de cantarle a la cámara, de mostrarte feliz, de buscar engañadamente a quien te amara.
Insistes en dedicarle canciones a quien ya te reemplazó y en seguir ignorando a quien nunca te olvidó. No tiene caso, me decían, y en verdad tenían razón. La belleza no lo es todo cuando se tiene roto el corazón.
Niña hermosa, ¿quién te hizo tanto daño?
Te crees buena persona; eso no ha cambiado. Pero sigues haciendo daño y buscando respuestas en el lugar equivocado. Aún corres detrás de las mismas sombras, tropezando con nuevas piedras, inexperta al amar, inmadura al hablar, cambiando de pareja aunque sabes que a esa nueva persona no la quieres de verdad.
Y aunque hoy te veo errante, elijo mantenerte distante. Resulta lamentable cuánto llegué a adorarte, y hoy solo espero que alguien te mire como mis ojos lograron mirarte.
Niña hermosa, cuánto te lastimaron.
Y aunque juré no dedicarte más palabras, no sé si por curiosidad estas letras reencontraras.
Que ni las fotos con amigos, ni las rutas en el parque, ni romantizar tu evidente caos, ni las reflexiones frente a las playas. Ni conformándote con poco, ni ignorando a este loco, cubren esa herida inmensa que, sin quererlo, nunca callas.
Niña hermosa, ¿quién te hizo tanto daño?
Porque ya me di cuenta de por qué dejé de intentarlo. Y empecé a preguntarme por qué eliges más daño, y por qué, a pesar de todo, estúpidamente, yo aún te extraño.
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