El marketing y la publicidad necesitan una pausa de hidratación.
Desde mucho antes de que existiera el botón "Omitir anuncio", ya sabíamos que las palabras corte comercial producían urticaria al entretenimiento.
Pero la economía crece, las marcas nacen y seguimos persiguiendo crecimientos de doble dígito en mercados finitos. Aparecen nuevos medios, la súper segmentación digital es una realidad y, aun así, muchos siguen actuando como si no se hubieran enterado.
Ahora le encontraron una excusa para poner comerciales al deporte más lindo del mundo.
En lugar de usar la tecnología para mejorar la experiencia, estamos viendo quién logra gritar más fuerte en el minuto 23. Hacemos que la saturación interrumpa la acción. Que la insistencia desgaste la paciencia.
Y si vamos a tener esta nueva pausa, ¿de verdad hace falta hacerla tan mal?
Alguna vez escuché que la mala publicidad es el impuesto que pagan las marcas cómodas e irrelevantes. Si eso es cierto, no debería sorprendernos que en los próximos mundiales hasta las camisetas terminen convertidas en espacios publicitarios.
Quizás el marketing y la publicidad necesitan una pausa de reflexión antes que una pausa de hidratación.
Que el Mundial no se acabe nunca.
Pero que nos den el botón para omitir anuncios. O la opción de pagar para no escuchar tanto griterío.
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