Un amor aburrido (Parte uno)

Y yo, que amanecía en la Barceloneta, que tomaba trenes sin rumbo, que era asistente constante de festivales de música electrónica. Que aprendí ruso alrededor de una botella, que besé a la española más bella. Yo, que hablaba con cualquier desconocido, nadie sospecharía que un día escribiría que soy capaz de entregar un amor aburrido.

Y es que en esta época me siento desencajado porque no me avergüenza estar fácilmente enamorado. Pero si bien hay quienes dicen que eso está desactualizado, yo, sinceramente, lo considero un regalo. 

Me aburre más la estrategia y la distancia que ser de detalles y constancia.
Y si eso hoy da
cringe, qué más da; si yo prefiero ser, en la relación, quien más da.

Lo siento, pero lo debo admitir: entrego un amor aburrido. ¿Qué más puedo decir?
Sin la adrenalina de las peleas intensas, de los desplantes o pleitos familiares; sin problemas de dinero, sin deudas, malas compañías ni excusas en febrero.
Con relaciones pasadas superadas y normales,
Sin jugar con alcohólicos en partidos barriales.

Y si sobrepiensas, sobreexplico.
Y si me das algo, te lo duplico.
Qué desilusión, lo sé. Entrego un amor aburrido.


Sin ambientes libertinos en mi profesión ni llegar a casa con un chupetón.
No tengo idea de discotecas, no tengo bares favoritos ni voy a conciertos de reggaetón.
Un aburrido de dormir a las diez y hacer el amor a las seis.
De jugar a las trivias y al Monopolio, para que cuando caigas en mi propiedad y no la puedas pagar, jugamos aparte a cómo lo podemos arreglar.

Entrego un amor tan aburrido como este texto escrito.
De quedarnos viendo pelis con una cobija y un vinito.
De escuchar rock de los noventas en discos de vinilo.
De detalles y ramos de flores sin razón alguna,
de cenas con pizzas caseras y reír hasta la una.

Un amor aburrido de conversaciones incómodas pero muy oportunas.
Donde se discute sobre soluciones y, en lugar de ataques, se hacen preguntas.
De dar paz porque no busco a quien te pueda reemplazar.
De dar atención, porque sé que el amor no se encuentra al azar.

Sin dificultades de apego,
Sin orgullo o heridas en el ego.

Y si poner la relación en riesgo te parece divertido, no me elijas, que yo soy un amor aburrido.
De aceptar que muchas veces no tendré la razón,
de no buscarle a todo una innecesaria explicación.

Un amor aburrido que te haría dormir en calma, que te llevaría siempre al mismo lugar si es el que a ti te encanta. 
Un aficionado a preparar desayunos mientras duermes y a detener tu rutina cuando te enfermes. Un entusiasta de las caminatas y las plantas, al que no le molesta para nada cuando cantas.
De llamarte cuando estemos cerca o estemos lejos,
De quedarse contigo hasta que estemos viejos.

No tengo culpa de admitirlo; entrego un amor aburrido.

De esos que no rompen corazones, que se explican con razones.
Que no encenderán tu ira ni tus rabietas.
Que no se opondrán a tus sueños y tus metas.
Que no tendrás que stalkear, que no revisará tu celular.
Que en casa, mis cosas no tendrás que arreglar.

Y verás que a nada soy adicto.
Y sentirás que casi nunca hay conflicto.
Pues nada, es lo que hay; entrego un amor aburrido.
De ese que, en estos tiempos, ya no es tan bienvenido.
El que muchas dicen buscar, pero pocas veces es elegido.

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