Una biografía laboral no solicitada pero necesaria
Imagínate esto, eres un Adnerd con déficit de atención en un país chico tratando de lograr un sueño: ser feliz en lo que trabajas.
“Vaya tela”, como decían los catalanes. Ya teniendo experiencia, cuando vuelves a estudiar, sientes que deberías saber mucho de lo que te enseñan y Barcelona me hizo darme cuenta de que el supuesto director creativo multipremiado no sabía escribir bien. Al menos, no para ese nuevo estándar. Y entre tablas de pauta digital, keywords, UX, KPIs, métricas e ideas, aprendí también que un país con una mirada tecnológica más desarrollada te abría a mejores ideas. Tuve profesores con admirables carreras, algo que en Ecuador no ves mucho. Busqué trabajar allá, pero mi portafolio de avisos y comerciales no me ayudaba mucho, y mi pasaporte ecuatoriano, menos.
Trabajé freelance para emprendedores y consultores, “cobraba en negro”, como decían por allá. Pero viajar me hizo observar a la gente, el mundo, la cultura y las costumbres, lo que me dio una habilidad: conocer lo que hace la gente y cómo eso sirve para campañas. Y aunque tenía nociones por lo aprendido en las agencias, la calle me enseñó sobre insights y estrategia.
Imagínate esto: eres un adnerd con déficit de atención, nacido en un país chico, tratando de alcanzar un sueño y caminando todos los días por calles europeas. Eso de pensar ideas y soluciones te cae solo.
Me gradué y nuevamente desconsolado, triste y lleno de resignación, regresé a Ecuador con otra perspectiva pero sin dinero y sin ganas de volver. ¿Qué le vamos a hacer?, a veces la vida se repite.
Y si Ecuador se siente chico cuando abres la mente, es una jaula cuando sabes de tecnología que aún no está disponible, o peor aún, cuando el mercado publicitario sigue en los comerciales, cuñas y avisos y se niega a ver más allá.
Respiremos, que esta historia de sueños, aspiraciones y malas decisiones aquí toma un giro positivo. Llegó alguien que me enseñó a ser director creativo, no porque se sentó a enseñarme, sino porque me lanzó a serlo por mi cuenta. No era la primera vez con ese cargo, pero sí la primera vez que tengo la autonomía para decidir por mis marcas, por mi equipo y por la forma de trabajar. Y así empezaron casi 5 años de ganar premios, licitaciones, amigos y reconocimiento. Desde haber sido llamado a ser columnista en Roastbrief y Upsocl, de ser invitado a ser jurado en Effie, FIAP y New York Festivals, y un giro importante: que me hayan propuesto ser profesor de creatividad en la UDLA.
Imagínate esto, eres un Adnerd con déficit de atención en un país chico tratando de lograr un sueño, que viviste en Argentina y España, y ahora, te paras frente a un montón de chicos para tratar de enseñarles lo poco o mucho que has aprendido. Y entonces descubres que aparte de la creatividad tienes otra vocación: enseñar.
Y hay reconocimientos que no tienen espacio en los perfiles de LinkedIn, como los diplomas a mejor profesor que acumulé como cromos de Panini y los mensajes de exalumnos agradecidos por cómo pude guiarlos en lo que querían hacer. Muchos de ellos hoy trabajan en grandes empresas y agencias, a muchos los llevé a trabajar conmigo, aunque pocos lo sepan. Yo también aprendí mucho de ellos. A veces, entre conversaciones profundas sobre la vida y la publicidad, me tomo el atrevimiento un tanto arrogante pero no falso de que mis estudiantes son mi segundo portafolio.
McCann era una escuela, teníamos varios equipos, uno más talentoso que otro. Pero las decisiones regionales y las cuentas grandes que se iban obligaban a reestructuraciones. La agencia entraba a manejar procesos digitales sin saber cómo y en la necesidad de saber llevarlos; abordé esa responsabilidad. El problema es que cuando eres quien más sabe hacer algo, por más que lo delegues, te van a dar aún más proyectos. El agotamiento fue tal que pensé que mis habilidades requerían un nuevo lugar: el negocio familiar.
Aquí haré una pausa. Para contarte algo importante. ¿Recuerdas que te dije que quise estudiar publicidad desde que era niño? Bueno, es porque el negocio familiar tenía algo que ver; mi madre tenía una empresa de food styling. Volviendo al relato. Llegué como productor ejecutivo. Esta vez a ser quien habla con las agencias, coordina las producciones, consigue nuevos clientes y hace nuevos negocios, pero sobre todo, ser quien administra las finanzas. Y si hay algo que es esquivo entre quienes trabajan en creatividad y que considero un grave problema, es que muchos creativos no ven el lado del negocio. No comprenden cuánto cuesta producir una idea o, lo que es peor, cuánto rentabiliza su tiempo y trabajo. No solo aprendí eso, sino que establecí presupuestos, amplié los servicios, conseguí clientes nuevos y me di tiempo de hacer proyectos artísticos. Pero como sabes los emprendedores la tienen más difícil para ganar más dinero a corto plazo, tus equivocaciones ya te cuestan dinero de tu bolsillo y había meses de buena facturación y otros, más difíciles.
Sin embargo, dicen que todo directivo maneja el negocio de la empresa como el suyo. Y en eso siempre fui disciplinado. Construí una estructura financiera en la empresa familiar para que suba la rentabilidad sin hacer recortes, solo estableciendo metas, nuevos ingresos y techos de gasto. Y aquí pasó algo que considero el mayor premio de mi carrera: Gracias a eso, el negocio familiar sobrevivió a la pandemia, con mis padres relajados, y sin despedir a nadie, a pesar de haber estado cerrado durante seis meses.
En la pandemia aprendí otra cosa, que muchos equipos no estaban preparados para trabajar desde casa. Todos la pasábamos mal, pero no es sano estar en un lugar donde haya personas buscando que la pases peor. Entonces, pasé de esa agencia que me hizo volver a la publicidad, a otra, también independiente, pero esta era muy creativa, aunque sinceramente, lo de ser amigos, a veces se les iba un poco de las manos. Siendo senior con equipos de chicos tratando de pasarla bien pero con clientes que exigían resultados porque la estaban pasando mal, tenía un desafío importante. Estuve empujando campañas con estrategia, aunque no era el foco de la agencia. Pero sí pude ir formando e impulsando el talento de esos equipos jóvenes. Tantos años de profesor me ayudaron a saber cómo guiar a creativos junior, a encaminar proyectos y a enseñar a trabajar con grupos con diferentes habilidades con un solo objetivo. Vi a muchos chicos crecer y me enorgullece lo que siguen haciendo.
Pero aún no era mi lugar, eso de obsesionarse por los premios y el ego no encajaba con lo que quería. Además, no tenía un referente, al contrario, vi a personas cerca que me parecían todo lo contrario a lo que quería ser. Y esa búsqueda por encontrar un espacio donde la cultura me permita aprender y crecer aún no estaba ahí. Y me fui a estudiar una maestría en marketing, esta vez en mi país y a trabajar freelance.
Ser estudiante con mucha experiencia me hizo dar cuenta que el supuesto máster dos veces y multipremiado creativo no solo que ya sabía escribir bien. Sino que aunque muchas cosas habían cambiado, el marketing actual carecía de lo mismo: ambición, ideas y valentía. Tuve muchos compañeros marketeros que seguían creyendo que las agencias son proveedores y que la comunicación es una tarea operativa que se debe hacer evitando cualquier tipo de riesgo. Hice un buen grupo de amigos, aunque pese a mi constante búsqueda, tampoco había referentes entre estos nuevos profesores.
Allí descubrí cómo funciona una red, el contacto con creativos en el exterior, el tener acceso a una intranet de un holding para compartir ideas, obtener herramientas y hacer algo de networking. En este lugar mi cargo sería diferente; cubría un rol que no existía. Director de Planning. Si bien mi trabajo tenía mucho de creatividad, usé herramientas de la red que la misma agencia desconocía. Trabajamos con clientes enormes, con proyectos hermosos y con equipos muy diversos. Tuve la confianza del gerente, a quien reportaba directamente. Y no solo fue un lugar donde aprendía, sino que también disfrutaba. Pero la vida son cambios y oportunidades, y una tarde, llegó una importante llamada.
Imagínate esto, eres un Adnerd con déficit de atención en un país chico tratando de lograr un sueño, ya no eres tan joven pero tienes las mismas ganas de hacer cosas importantes. Y de repente la industria ecuatoriana ya te conoce, sabe que te gusta enseñar, trabajar con equipos, que buscas consensos, que entiendes el negocio, que ganas licitaciones y sigue con esas ganas de hacer buen trabajo. Y por la reputación ganada me llamaron a liderar la creatividad de una de las agencias de Publicis Groupe, y lo más curioso, la red que más admiro: Leo.
Un paréntesis de datos curiosos: Algunos de mis más grandes referentes eran de Leo Burnett. Juan Carlos Ortiz, Juan Carlos Gómez de la Torre, Miguel Ángel Furones, entre otros. Cuando estuve en la universidad, aún no existía Leo Burnett en Ecuador, pero desde la agencia de Colombia hicieron un concurso universitario para una campaña y quedé como finalista tras insistir al director de la escuela de publicidad para que me dejara participar. Quería que me contrataran en Colombia, pero era una ilusión de principiante que se quedó en eso. Años después, La Facultad tuvo la representación de Leo temporalmente hasta que la representación oficial de Publicis Groupe llegó a Ecuador.
Llevo casi 3 años en Leo. A inicios de 2025 éramos 5 personas, hoy, más de 40. ¿Cómo? Con empatía, ganando licitaciones, construyendo un equipo horizontal, siendo profesionales, no persiguiendo festivales. Sin revanchas personales, sin egos particulares. Dando lo mejor equilibrando negocio con servicio, liderando un trabajo en equipo. ¿Mi época dorada? Puede ser que sí. Pero también un aprendizaje constante junto a las personas correctas y clientes que valen la pena.
Pero imagina esto: eres un adnerd con déficit de atención en un país chico tratando de lograr un sueño, que has vivido en Argentina, España, Ecuador y México, y que todavía crees que la mejor idea de tu carrera puede ser la próxima.
¿Es posible?
Pues me encuentras en ese momento en el que las fronteras ya no significan demasiado. No sé si el siguiente capítulo está en Ecuador, pero sí en Latinoamérica o en cualquier otro lugar del mundo. Lo que sí sé es que quiero seguir aprendiendo, construyendo equipos, haciendo buenas ideas y enseñando lo que el camino me ha regalado. Si eso ocurre desde una agencia, una empresa, una universidad o una conferencia, bienvenido sea.
Si llegaste hasta aquí, gracias por leer una biografía que nadie me pidió escribir.
Y si por alguna razón crees que podríamos construir algo juntos, conversemos.
Después de todo, esta historia todavía no termina.
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