Como perros y gatos

Como dije una vez, todos hemos sido el perro de Pavlov de alguien.


Basta una notificación para estar hambrientos de expectativas,
un nombre en la pantalla para que el corazón recuerde lo que olvidaba hace semanas.
Qué experimento tan perverso es este sonido que despierta la curiosidad y las ganas.

Y es que también fuimos el gato de Schrödinger de algún amor fallido.
Donde esa relación estaba viva y muerta, aunque no estaba del todo decidido.
Una paradoja en la que nadie intenta un mensaje para no verse comprometido.
Donde la ansiada esperanza estaba en una caja con vida guardada
y basta una pregunta para ver que adentro solo hay veneno para verla exterminada.

Somos como perros y gatos, peleando porque así dicen que nos llevamos,
Pero qué lindos nos vemos cuando por fin nos acompañamos.
Somos objetos de experimentos,
protagonistas de inspiradores cuentos
Y aunque parecemos ser distintos
Somos víctimas de nuestros propios instintos.

Insistimos como el gato de Thorndike, convencidos de que esta vez sí funcionará.
Abrimos la misma puerta, escribimos el mismo mensaje, volvemos a tocar el mismo timbre esperando una recompensa que no regresará. Así nacen los hábitos más estúpidos: como insistir donde nada pasará.

Y como perros y gatos recogemos las migajas que caen de la mesa. Mientras nos miran con ternura en ese acto de supervivencia y tristeza, donde creemos haber comido, pero son tan solo los restos que te regalan un ajeno descuido.

Mi amor. Tú y yo, como perros y gatos, somos diferentes.
No porque seamos distintos, sino porque somos conscientes.
Vámonos, como si fueras mi Laika, que te digo en este verso
que tomo tu pata y contigo me voy sin regreso,
hasta lo más profundo de este loco universo.

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